¿Cómo mejorar las defensas de los niños? – Guía para padres y pediatras, primera parte.

Algunos niños, cuando se integran al jardín infantil o regresan a clases después del verano, presentan infecciones comunes con mayor frecuencia, lo que determina ausentismo escolar y a veces también de los padres y uso innecesario de antibióticos, entre otras cosas. Durante la primera infancia el sistema inmune está aún inmaduro, es menos capaz de responder con rapidez y es más susceptible a verse sobrepasado por las infecciones, por eso, una pregunta frecuente que se le hace al pediatra es

 

“¿Cómo puedo mejorar las defensas de mi hijo?”

 

La inmunoestimulación adecuada dependerá de múltiples factores cuya modificación puede ser de interés para prevenir infecciones comunes y, porqué no, para mejorar la inmunogenicidad de las vacunas.

En esta primera parte se exponen las medidas generales y cambios del estilo de vida que tienen efecto inmunoestimulante y son la base para las demás recomendaciones. Una vez eso revisado, se mencionan algunos alimentos, suplementos nutricionales y fármacos que pueden potenciar aún más al sistema inmune.

En la segunda parte se entregarán otras recomendaciones nutricionales y una guía para aprovechar la variada naturopatía disponible (plantas, hierbas y demases), considerada parte de la medicina complementaria.

Al final encontrarán un PDF descargable con las indicaciones de la primera parte resumidas e información más específica y detallada de los productos que hay disponibles en Chile.

Nota importante: siempre conviene consultar con un profesional antes de cambiar su estilo de vida bruscamente o consumir productos farmacéuticos nuevos.

Factores que se pueden modificar para mejorar las defensas

Obesidad o desnutrición

Existe una relación multidireccional entre nutrición, infección e inmunidad, pues un buen estado nutricional es esencial para el desarrollo, mantenimiento y expresión de la respuesta inmune.

La desnutrición debilita a los tejidos linfáticos, las mucosas y la piel, lo que aumenta el riesgo de tener infecciones y empeora la evolución de diarreas, neumonías y sarampión. Ser obeso también aumenta la probabilidad de tener infecciones.

Dietas restrictivas

Una dieta restringida como la de vegetarianos y veganos tiene déficits específicos, pero los consumidores regulares de comida rápida, con alta densidad calórica y pobre en micronutrientes, también tendrán déficits, al igual que los niños “mañosos” que son excesivamente selectivos en lo que comen o que rechazan algunos tipos de alimento, como niños con autismo.

No toda restricción es contraproducente. La práctica de ayuno intermitente es un inductor eficiente de autofagia (proceso de degradación que funciona como estrategia de limpieza celular que permite reciclar los componentes deteriorados), lo que es inmunoestimulante pues obliga a las células a adaptarse con rapidez a condiciones estresantes (como las infecciones) al forzar su renovación constante. La xenofagia es un tipo de autofagia que permite la eliminación de microorganismos intracelulares, como los virus o la tuberculosis y en ratones infectados con virus Chikungunya, su inducción reduce la mortalidad.

Actividad física

Los niños activos tienen 3 veces menos infecciones respiratorias y más días libres de infección que los sedentarios.

Descanso

El sueño regula la función inmune, y la cantidad de sueño importa: los niños que duermen menos de 7 horas se resfrían 3 veces más que los que duermen más de 8 horas. Los que tienen un sueño de peor calidad se resfrían 5 veces más.

Estrés

El estrés sicológico crónico suprime la respuesta inmune y aumenta la frecuencia de resfríos.

Consumo de sustancias

El tabaquismo (activo y pasivo) se asocia a infecciones respiratorias recurrentes, otitis y mayor incidencia de asma y de crisis asmáticas. También aumenta el riesgo de colonizarse con bacterias patógenas como neumococo y meningococo.

Beber alcohol (excepto bebidas ricas en polifenoles, como el vino tinto, siempre y cuando no sea en exceso) también debilita al sistema inmune.

La exposición ambiental

La contaminación ambiental (del aire que respiramos y del agua que bebemos) puede aumentar nuestra probabilidad de enfermar.

La luz solar aumenta la resistencia a infecciones en animales, gracias a la producción de vitamina D.

Vacunarse

Las vacunas contra el neumococo y contra la influenza reducen la incidencia de otitis y neumonía.

 

Alimentos que le dan una ventaja al sistema inmune

Como regla general, la dieta debe ser “balanceada”, rica en vegetales altos en flavonoides, ácidos grasos omega-3 (semillas, frutos secos, pescados y mariscos) y alimentos integrales y baja en azúcares simples y comida procesada. La dieta debe ser variada y si es necesario se puede fortificar o suplementar.

Leche materna

Es el alimento ideal para el lactante, rico en multitud de compuestos y células con propiedades inmunológicas, antimicrobianas, anti-inflamatorias e inmunonutritivas reconocidas. Los bebés que consumen leche materna tienen menos infecciones respiratorias, otitis y diarreas. Eso sí, suele ser insuficiente en hierro, zinc y vitamina D y hay que tener en cuenta que su concentración en ciertos micronutrientes depende de la dieta de la madre.

Flavonoides

Los flavonoides son el grupo de polifenoles más común en la alimentación humana. Tienen efecto antioxidante, antiviral e inhiben a bacterias patógenas como Salmonella y Helicobacter. Los que no se absorben se acumulan en el intestino grueso (único entre los antioxidantes) y son aprovechados por la microbiota intestinal con un efecto similar a los prebióticos.

Una dieta rica en flavonoides reduce la incidencia de resfríos y la de días de ausencia por enfermedad. Están contenidos en casi cualquier fruta y verdura de color (arándanos, ciruelas, manzanas, peras, duraznos, cerezas, uvas, damascos, grosellas, bayas, cítricos, fresas, tomate, ajo, espinacas, cebolla, puerro, brócoli, perejil, apio, etc.) y también en el chocolate o cacao amargos, los frutos secos (en especial las nueces), la soya y el té verde. Se mencionan otros alimentos ricos en flavonoides en la segunda parte de esta guía.

 

Alimentos fermentados

Son alimentos que han sido expuestos a probióticos que realizan la fermentación láctica y como tales estimulan al sistema inmune innato y modulan la microbiota intestinal. Algunos ejemplos son los siguientes:

  1. Kéfir (yogur de pajaritos en Chile): alrededor de 400 gramos al día por 10 semanas tiene efecto inmunomodulador.
  2. Pepinillos (pepinos fermentados)
  3. Chucrut o col ácida (col fermetada)
  4. Miso (semillas de soya y/o cereales fermentadas con hongo koji)
  5. Tempeh (soya fermetada)
  6. Té kombucha (hongo chino)

 

Ácido palmítico

Su consumo aumenta la producción de anticuerpos. Lo contienen los aceites vegetales (palma, oliva, coco), las grasas lácteas (crema, queso, mantequilla) y las carnes.

 

Nucleótidos

Su adición a fórmulas lácteas mejora la respuesta inmune ante bacterias como Haemophilus influenzae y el bacilo de la difteria.

Se mencionan algunos ejemplos en el PDF descargable.

 

Probióticos

Su consumo inhibe al virus influenza en animales y humanos además de acortar y prevenir las diarreas, pero existe una gran cantidad de probióticos en el comercio, por lo tanto la confusión no es menor.

Lo que ha demostrado ser de mayor utilidad es el consumo de combinaciones de probióticos. Bifidobacterium infantis y B. bifidum combinadas con distintas cepas de Lactobacillus pueden ayudar a prevenir ciertas infecciones y combinadas con Streptococcus thermophilus (presente en los fermentos lácteos) acortan la excreción de rotavirus.

También hay disponibles leches con probióticos, pero suele adicionarse sólo una cepa a los fermentos lácteos.

 

Prebióticos

Los prebióticos reducen la prevalencia y la duración de diarreas e infecciones respiratorias altas. Al igual que los probióticos, son mejores las mezclas consumidas durante largo tiempo (1 año). Su presencia en el intestino aumenta la producción de ácidos grasos de cadena corta (butirato, acetato y propionato), importante fuente de energía para el epitelio del colon y reguladores de la permeabilidad intestinal.

Algunos polisacáridos no digeribles tienen efecto prebiótico y protegen de infecciones virales y bacterianas por su efecto inmunoestimulante, como el beta-glucano de las callampas shiitake (lentinano), los fucoidanos de algas café comestibles (kombu, gagome, wakame, mekabu, mozuku) y la quitina del exosqueleto de crustáceos y la pared celular de los hongos.

 

Suplementos nutricionales

No existe suficiente información para recomendar el uso de suplementos como inmunoestimulantes para los niños, pero se deberían tomar en cuenta aquellos que pueden ser usados con nulos o mínimos efectos adversos.

El efecto de su uso varía de persona a persona dependiendo de su fisiología y de su estilo de vida, por lo que se debe evaluar caso a caso, en especial si existe sospecha de interacción con algún tratamiento o de mala respuesta por algún problema médico. No se olvide de consultar con un profesional antes de seguir las siguientes recomendaciones.

Las infecciones aumentan la demanda por los micronutrientes (sustancias que necesitamos en pequeñas dosis), por lo que no está de más aumentar su consumo en momentos de enfermedad, pero también es importante recibir a la infección sin déficits (niveles bajos) de micronutrientes, para lograr un efecto protector. Los lactantes y preescolares de nivel socio-económico (NSE) medio o bajo suelen tener déficits con más frecuencia, entre éstos vitamina A, hierro y zinc, y en niños de NSE alto (europeos), muchos consumen insuficiente vitamina D, hierro, selenio (a toda edad) y vitamina A (niñas mayores de 10 años).

 

¿Porqué suplementarse?

  1. Porque muchos tienen algún déficit sin saberlo
  2. Para apoyar la función del sistema inmune
  3. Para reponer lo consumido durante una infección
  4. Porque la sobre-suplementación es poco probable (excepto vitamina A)
  5. La ingestión de multivitamínicos reduce los síntomas del síndrome del edificio enfermo (cefalea, ojo rojo, congestión nasal, dolor de garganta, fatiga/dolor, diarrea en personas que viven en un mismo edificio)

 

Vitamina A

La vitamina A tiene efectos antioxidante e inmunomodulador y de ella dependen la integridad de las mucosas y el funcionamiento de células del sistema inmune. Su déficit afecta al epitelio de vías respiratoria y digestiva y se asocia con mayor riesgo de diarrea con vómitos y de tos con fiebre.

Debería suplementarse a todo niño entre 6 meses y 5 años con riesgo de déficit, pues reduce la morbimortalidad general, la diarrea, el sarampión y la tuberculosis, aunque no se tiene claro el intervalo preciso en el que la suplementación sería útil…

Combinada con zinc y glutamina mejora la barrera intestinal (su funcionamiento se ve influenciado por los niveles de zinc).

 

Vitamina C

Se ha propuesto su uso para prevenir infecciones respiratorias desde 1940. A comienzos de la década de 1970 los estudios de Pauling llevaron a un gran interés por esta vitamina y en muchas especies animales se sabe que previene infecciones bacterianas, virales, por hongos, protozoos o toxinas.

Su déficit alarga la duración de los resfriados y provoca mayor susceptibilidad a la neumonía (una vez una epidemia de neumonía en Sudán se contuvo con vitamina C). Protege contra H. pylori y en conejillos de indias con déficit, el jugo de tomate los protegió de la tuberculosis intestinal, en teoría por su contenido en esta vitamina.

La suplementación regular no se justifica si se consumen más de 200 mg al día, pero las infecciones aumentan su consumo (influenza A, virus respiratorio sincicial, toxinas bacterianas y neumonía, entre otras).

Mejora la evolución de neumonías, diarreas y malaria y es útil para niños enfermizos o gente con niños, pues reduce el porcentaje de días de reposo. También reduce en un 14% la duración del resfrío (1,6 días en niños), lo que es mejor a mayor dosis.

Menores de 6 años y los que hacen ejercicio vigoroso durante el invierno o tienen otras fuentes de estrés (exceso de frío o calor por ej.) deberían suplementarse. Quizá también los que tengan más riesgo de déficit (personas a dieta, autistas, fumadores, bebedores de alcohol)

 

Vitamina D

Su déficit provoca mayor riesgo de infección y enfermedades autoinmunes. Hoy en día éste es un déficit muy prevalente, pero aún no hay claridad acerca de la utilidad de suplementarla en infecciones respiratorias, aunque parece no ser útil en niños que no tienen déficit.

La suplementación con 1 dosis diaria reduce las infecciones respiratorias agudas en personas con déficit, pero se debe empezar a comienzos del otoño y es mejor tomar dosis diarias que dosis altas semanales.

 

Vitamina E

Existe mucha heterogeneidad sobre sus efectos en la neumonía y parece ser útil sólo en subgrupos de personas. En estudios con animales protege contra ciertas infecciones (influenza por ej.).

 

Complejo vitamínico B y ácido fólico

El déficit de vitamina B1 deteriora la respuesta inmune, la vitamina B2 juega un rol importante en la defensa de mucosas y en la inflamación intestinal y también son relevantes las vitaminas B6 y B12.

 

Selenio

Su déficit (enfermedad de Keshan) altera la activación de linfocitos, lo que lleva a una peor respuesta celular y una menor producción de anticuerpos. Tiene efecto sinérgico con las vitaminas C y E.

 

Zinc

Fundamental para la integridad de piel y mucosas, su déficit provoca atrofia del timo, linfopenia, menor actividad de leucocitos, mayor estrés oxidativo y por lo tanto daño a la membrana mucosa, diarrea e infecciones recurrentes.

La suplementación reduce la duración de las diarreas, los episodios de malaria y la incidencia de neumonía en mayores de 6 meses, pero debe tomarse por varios meses. Reduce en un 33% el resfrío común si se toma en las primeras 24 horas de presentados los síntomas.

 

Cobre

Antimicrobiano, contribuye en la proliferación de linfocitos T y la producción de anticuerpos.

La suplementación en caso de déficit mejora la capacidad fagocítica de los leucocitos.

 

Hierro

Compone a varias enzimas del sistema inmune e influye en el poder bactericida de los neutrófilos. Su déficit aumenta el riesgo de infecciones pero su exceso podría aumentar la virulencia de algunas bacterias.

 

Fármacos

Inductores de autofagia

El ayuno intermitente (mencionado más arriba) u otro tipo de restricción calórica son la mejor manera de inducir la autofagia.

Los polifenoles de la dieta (ver más arriba) y algunos fármacos, como ambroxol y aspirina también inducen la autofagia.

 

Vacunas inespecíficas

Son una combinación de extractos de varias especies bacterianas que actúan activando receptores del sistema inmune innato, lo que mejora las defensas en las mucosas. De las siguientes vacunas inespecíficas, sólo la primera está disponible en Chile, pero su costo es alto (54000 a 132600 pesos por los 3 meses de uso que requiere), por lo que su uso debería ser excepcional.

  1. Broncho-Vaxom reduce la incidencia de infecciones recurrentes hasta 6 meses después del uso, reduce el consumo de antibióticos y mucolíticos en adultos, asmáticos, bronquitis y sinusitis recurrente.
  2. Luivac reduce la incidencia de inflamación y la duración de infecciones del tracto respiratorio, el consumo de antibióticos y los días de reposo.
  3. Ribomunyl, luego de 3 a 6 meses de uso disminuye la incidencia, duración y severidad de las infecciones respiratorias, los días de reposo y el uso de antibióticos en niños con otitis media o infecciones respiratorias recurrentes. Tiene efecto sinérgico con la vacuna antiinfluenza.

 

Otros fármacos

Metisoprinol e inosina pranobex son antivirales gracias a su efecto inmunoestimulante, por lo que podrían servir para prevenir infecciones virales, pero de preferencia suelen usarse para tratamiento, por ejemplo, en inmunodeprimidos con infecciones por virus herpes o influenza. Su precio es muy alto (43000 pesos los 20 comprimidos de 500 mg de metisoprinol), por lo que no parece justificarse sino excepcionalmente.

 

Guía de inmunoestimulación – primera parte

 

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